Cada arcilla tiene un uso distinto: descubre cuál le conviene a tu piel.
No todas las arcillas sirven para lo mismo. Usar la arcilla equivocada para tu tipo de piel puede dejarla más reseca o no darte el resultado que buscas. Aquí te explicamos cuál elegir según tu piel.
Guía rápida por tipo de piel
Piel sensible → Arcilla rosa
La más suave de todas. Limpia sin resecar ni irritar, ideal si tu piel reacciona fácil a otros productos.
Piel normal o mixta → Arcilla blanca (caolín)
Limpieza suave pero efectiva, sin resecar. Es la más versátil y un buen punto de partida si no sabes cuál elegir.
Piel grasa o con poros dilatados → Arcilla verde
La más absorbente. Regula el exceso de grasa y ayuda a minimizar la apariencia de los poros.
Piel apagada o sin vitalidad → Arcilla roja
Estimula la circulación y aporta luminosidad. Buena opción para un tratamiento ocasional tipo «efecto flash».
Cómo preparar tu mascarilla
Mezcla la arcilla con agua o hidrolato (nunca con utensilios ni recipientes metálicos, que pueden alterar sus propiedades) hasta formar una pasta uniforme. Aplica una capa delgada, deja actuar 10-15 minutos sin dejar que seque por completo y retira con agua tibia. Una a dos veces por semana es suficiente; usarla a diario puede resecar incluso la piel grasa.




